24 de junio de 2016
Los Vascos
Estuve varias veces en Esquel, siempre de vacaciones.
En esas ocasiones uno tiene la mirada puesta e todo lo que hay que
hacer en el lugar según el mandato de las guías para viajeros y las recomendaciones de amigos y conocidos.
Preocupados por cumplir con esos mandatos, a veces se nos escapan cosas interesantísimas.
Este verano fue mi tercera visita a la ciudad y tuve una complicación que me obligó a tener que comprarme una muda entera de ropa. Pregunté por un negocio donde poder comprar bombachas de campo (un pantalón de trabajo cómodo, resistente y barato) y, sin dudarlo, me dijeron: en Los Vascos.
Ya era tarde y encontré la tienda cerrada. Desde afuera era un edificio antiguo y feo, en muy buen estado de conservación pero casi sin ventanas y de líneas muy austeras.
hacer en el lugar según el mandato de las guías para viajeros y las recomendaciones de amigos y conocidos. Preocupados por cumplir con esos mandatos, a veces se nos escapan cosas interesantísimas.
Este verano fue mi tercera visita a la ciudad y tuve una complicación que me obligó a tener que comprarme una muda entera de ropa. Pregunté por un negocio donde poder comprar bombachas de campo (un pantalón de trabajo cómodo, resistente y barato) y, sin dudarlo, me dijeron: en Los Vascos.
Ya era tarde y encontré la tienda cerrada. Desde afuera era un edificio antiguo y feo, en muy buen estado de conservación pero casi sin ventanas y de líneas muy austeras.
6 de junio de 2016
La sopita

Junio en Buenos Aires, época de Sudestada. Viento frío que viene desde el sur y que va cargándose de humedad hasta que da la vuelta por el río de la Plata y entra a la ciudad soplando temporales. Son varios días de lluvia, viento y frío , en los que nadie tiene ganas de salir de casa para cumplir con sus obligaciones. Sobre todo porque sabemos que llegó para quedarse y acompañarnos con frecuencia hasta que lo eche el calor de la primavera.
La imagen de un plato de sopa calienta el alma y provoca añoranza de comida casera. Aún los más reacios a cocinar sueñan con su olor y su humito reconfortantes.
La mayoría se engaña con una sopa instantánea. Algunos optamos por una solución de compromiso y recurrimos a las bandejitas de vegetales ya seleccionados y cortados que provee nuestro verdulero.
Pero están aquellos afortunados, los ricos de tiempo, que la preparan ritualmente, por lo general los días lunes, eligiendo las verduras, llevándolas a casa para lavarlas, picarlas y rallarlas amorosamente, llenando el caldero que con el simple agregado de agua y sal alumbrará la magia del plato casero por excelencia.
26 de mayo de 2016
Amor a la carta
Amor a la carta (The lunch box, Ritesh Batra, 2013) es una película que transcurre en Mumbay, donde diariamente miles de mujeres cocinan para sus maridos o clientes y envían esa comida en viandas a sus lugares de trabajo.
Las viandas se reparten por medio de un complejo sistema de mensajeros en bicicleta, que pedaleando y subiéndose al transporte público las hacen llegar a su destino en oficinas del centro de la ciudad.
La película cuenta la historia entre un hombre y una mujer que se ven ligados por un envío equivocado e inician una relación por correspondencia. Es una historia sin pretensiones, entre dos personas comunes, con las pequeñas tristezas y contratiempos cotidianos.
En definitiva, una de amor, pero diferente. Y con el escenario increíble de una ciudad muy populosa, con esa red de distribución tan particular como impensable que permite comer en el trabajo pero como en casa.
Las viandas se reparten por medio de un complejo sistema de mensajeros en bicicleta, que pedaleando y subiéndose al transporte público las hacen llegar a su destino en oficinas del centro de la ciudad.
La película cuenta la historia entre un hombre y una mujer que se ven ligados por un envío equivocado e inician una relación por correspondencia. Es una historia sin pretensiones, entre dos personas comunes, con las pequeñas tristezas y contratiempos cotidianos.
En definitiva, una de amor, pero diferente. Y con el escenario increíble de una ciudad muy populosa, con esa red de distribución tan particular como impensable que permite comer en el trabajo pero como en casa.
Cooked

"En estas decenas de miles de años, el ingenio humano aprendió a transformar lo que nos da la naturaleza en grandes logros de la cultura. Y en eso consiste cocinar"
Con estas palabras termina Cooked, una producción de Netflix sobre el libro del mismo nombre de Michael Pollan, un periodista estadounidense autor de numerosos artículos y también de varios libros sobre el cruce entre cocina y cultura.
Pollan dice que en algún momento se dio cuenta de que escribía mucho sobre comer y alimentarse pero… cocinaba poco.
Lo mismo que ocurre con el fútbol, donde son millones planetarios los que saben todo lo que ocurre con el Real Madrid y el Barcelona a miles de kilómetros de sus hogares, pero son pocos muy pocos los que van a jugar un partidito con sus amigos.
Así también la televisión está llena de programas de cocina que son vistos por muchísimas personas, pero la buena y vieja costumbre de cocinar se está perdiendo.
Dividida en cuatro episodios que toman el nombre de los elementos, la serie es muy entretenida e interesante, de una gran belleza visual y además nos deja un montón de puertas abiertas como para seguir curioseando por nuestra cuenta.
En un viaje por el mundo, por las diferentes cocinas, por la producción de alimentos frescos e industrializados, Cooked es también un viaje permanente entre el pasado y el presente y una invitación a reflexionar sobre el futuro.
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