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26 de julio de 2019

Invierno, temporada de sopas (a la francesa)

Lucullus nos trae una breve nota en la que nos presenta a las sopas más tradicionales de Francia.
4 grandes clásicos de todos los tiempos.
Todas sirven para combatir el frío y quedar reconfortados.
A empuñar las cucharas.


Las mejores sopas francesas para combatir el frío
Publicado el 05/06/2018


Si hay algo que nunca falla en invierno para darse un poco de calor es sin duda la sopa. Con sus combinaciones infinitas, es un plato que lo tiene todo: es a la vez rico, nutritivo y muy fácil de realizar 
La sopa es uno de los alimentos más básicos y más antiguo de nuestra alimentación.En Francia durante la Edad Media, la sopa a base de caldo era la base de la alimentación junto con el pan. El termino “soupe” en francés viene del latin “suppa” lo que significa “feta de pan en la que se vierte el caldo”. 
Aunque la sopa sea un alimento antiguo se fue diversificando con el tiempo dando recetas desde las más sencillas hasta las más elaboradas. A continuación, les damos algunas ideas de recetas con esta selección de sopas tradicionales de Francia.  

5 de agosto de 2018

Cómo tomar la sopa

Ahora voy a decirte lo que debes comer cuando la noche te sorprende a la intemperie. Jamás comas platos fríos. La clave para comer a oscuras es el vapor. Y la comida fría no despide vapor, exceptuando el hielo. No, debes calentar la oscuridad que te rodea con una sopa, que es una docena de alimentos en uno. No puedes diferenciar las zanahorias de las arvejas hasta que las tienes dentro de la boca. Pero ni siquiera entonces puedes distinguir el puerro de la cebolla.
El tazón no debe ser poco profundo sino hondo y con borde, para que el vapor se arremoline en el centro. El vapor contiene el olor. Y de ese modo te calientas la nariz con el olor, te calientas la boca con el sabor y te calientas las manos con el tazón. Debes tomarla de pie, naturalmente, con el cuello del abrigo levantado. Sin hablar. No hay tiempo. Tienes que terminar de tomarla antes que el vapor se disipe.
Una vez terminada la sopa, queda un tibio residuo de vapor. Está encogido en el fondo del tazón. No se atreve a enfrentar la oscuridad y el frío. Y si no retiras las manos, si aprietas tu cara sobre el borde, si cierras los ojos con fuerza hasta que la oscuridad sea completa, el vapor y el olor besarán tus labios y tus párpados y te prepararán para la lenta digestión de la noche.

Jim Crace
La despensa del diablo
(Buenos Aires, Emecé, 2004)

6 de junio de 2016

La sopita


Junio en Buenos Aires, época de Sudestada. Viento frío que viene desde el sur y que va cargándose de humedad hasta que da la vuelta por el río de la Plata y entra a la ciudad soplando temporales. Son varios días de lluvia, viento y frío , en los que nadie tiene ganas de salir de casa para cumplir con sus obligaciones. Sobre todo porque sabemos que llegó para quedarse y acompañarnos con frecuencia hasta que lo eche el calor de la primavera.

La imagen de un plato de sopa calienta el alma y provoca añoranza de comida casera. Aún los más reacios a cocinar sueñan con su olor y su humito reconfortantes.
La mayoría se engaña con una sopa instantánea. Algunos optamos por una solución de compromiso y recurrimos a las bandejitas de vegetales ya seleccionados y cortados que provee nuestro verdulero.
Pero están aquellos afortunados, los ricos de tiempo, que la preparan ritualmente, por lo general los días lunes, eligiendo las verduras, llevándolas a casa para lavarlas, picarlas y rallarlas amorosamente, llenando el caldero que con el simple agregado de agua y sal alumbrará la magia del plato casero por excelencia.