Son lugares que, aunque parecen detenidos en el tiempo, son a la vez profundamente vitales y protagonistas de la vida de cada barrio.
En el pasado mes de abril me invitaron al Café de García en Villa Devoto, "el jardín de Buenos Aires" en el noroeste de la ciudad.
Está allí desde 1937, primero atendido por Metodio García y su esposa Carolina y actualmente por sus hijos, apenas a una cuadra de Segurola y Beiró y enfrente del edificio de AYSA.
En el salón principal, sobre la esquina de Sanabria y Varela, el ambiente clásico de un viejo café de barrio.
Mesas para comer y también varias mesas de billar.
Sobre la vereda, una preciosa glorieta para las noches de calor.
Mesas para comer y también varias mesas de billar.
Sobre la vereda, una preciosa glorieta para las noches de calor.
Adentro, a un costado del salón principal, el salón para las picadas que son la especialidad destacada del Café de García.
En medio del clásico carnaval de objetos irreconciliables entre sí, todo está impecablemente limpio y ordenado pese a ser muy antiguo.
Se mezclan antiguas publicidades, instrumentos musicales, fotos y también una cantidad de objetos de esos que ya no se fabrican porque han perdido su razón de ser.
En medio del clásico carnaval de objetos irreconciliables entre sí, todo está impecablemente limpio y ordenado pese a ser muy antiguo.
Se mezclan antiguas publicidades, instrumentos musicales, fotos y también una cantidad de objetos de esos que ya no se fabrican porque han perdido su razón de ser.

